Alterar la radiación solar para combatir el cambio climático

La idea de intervenir de forma intencional en el clima para disminuir la temperatura del planeta y frenar el calentamiento global está generando un creciente interés en la comunidad científica.
Este enfoque, conocido como modificación de la radiación solar (SRM, por sus siglas en inglés), ya cuenta con financiamiento para su investigación. Sin embargo, existe un acuerdo general en que su implementación aún sería prematura, ya que persisten muchas incertidumbres sobre sus efectos.
Un grupo internacional de especialistas de Argentina, Brasil, Reino Unido, Estados Unidos y Francia analizó los dilemas éticos asociados a esta tecnología y publicó sus hallazgos en Zenodo. El equipo incluyó investigadores del CONICET, FLACSO Argentina, la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Entre Ríos, en colaboración con la Alianza para una Deliberación Justa sobre la Geoingeniería Solar.
El estudio, financiado por la Organización Mundial de la Salud y el Wellcome Trust, examinó quién debería tomar decisiones sobre el desarrollo de estas tecnologías y cuáles podrían ser sus efectos en la salud humana.
La SRM engloba distintas técnicas experimentales orientadas a enfriar el planeta, como reflejar parte de la radiación solar antes de que llegue a la Tierra o facilitar la liberación del calor hacia el espacio. Su propósito es compensar el calentamiento causado por los gases de efecto invernadero.
Esta propuesta cobró relevancia en 2006, cuando el científico Paul Crutzen planteó la posibilidad de inyectar dióxido de azufre en la estratósfera como medida de emergencia. Posteriormente, organismos como la Royal Society y el IPCC impulsaron el debate científico sobre estas tecnologías.
La naturaleza ya ha mostrado un fenómeno similar: erupciones volcánicas masivas, como la del volcán Pinatubo en 1991, lograron reducir temporalmente la temperatura global al liberar partículas en la atmósfera.
Entre las estrategias más estudiadas se encuentran la inyección de aerosoles de azufre, el aumento de la reflectividad de las nubes marinas mediante sal y la reducción de nubes altas para liberar más calor al espacio. Estas intervenciones tendrían un alcance global y deberían mantenerse de forma continua, aunque sus efectos variarían según la región.
Esa variabilidad genera dudas importantes sobre sus consecuencias. Modificar la radiación solar no afectaría al planeta de manera uniforme: podría alterar los patrones de lluvia, incrementar precipitaciones en algunas zonas y reducirlas en otras, lo que impactaría la agricultura y el acceso al agua potable.
También existen preocupaciones sobre la salud. Las partículas liberadas en la atmósfera podrían eventualmente llegar a la superficie y ser inhaladas por las personas. Algunas de estas sustancias están relacionadas con enfermedades respiratorias, cardiovasculares y neurológicas.
Además, una menor exposición a la luz solar podría influir en el estado de ánimo y la salud mental, un aspecto que aún está poco estudiado.
Uno de los objetivos principales del informe fue analizar el estado actual del debate científico y ético desde una perspectiva de salud pública, especialmente en países del Sur Global. La investigadora María Florencia De Santi señaló que una de las preguntas centrales es quién asumiría los riesgos y cómo impactaría esta tecnología en la salud de las poblaciones.
Para abordar el tema, los autores revisaron literatura científica en bases como PubMed y Google Scholar. De miles de publicaciones, solo 17 estudios cumplieron con los criterios para un análisis detallado, lo que evidencia una falta importante de información sobre los efectos de la SRM en humanos.
Estos estudios no permiten confirmar ni descartar los riesgos, ya que las conclusiones se basan en modelos teóricos o en las propiedades de las sustancias utilizadas, y no en evidencia directa en poblaciones.
El análisis también mostró que la mayoría de las investigaciones proviene de países del Norte Global, como Estados Unidos y Europa, mientras que la participación del Sur Global aún es limitada, tanto en la generación de conocimiento como en la toma de decisiones.
Las conclusiones sugieren que los impactos de estas tecnologías serían desiguales, dependiendo de la región, las condiciones socioeconómicas y la capacidad de los sistemas de salud.
La investigadora Florencia Luna destacó que los marcos éticos actuales abordan la salud de forma indirecta y que los países del Sur Global tienen poca representación en este debate.
En este contexto, la modificación de la radiación solar se plantea como una posible alternativa ante la dificultad de reducir el calentamiento global con las medidas actuales. Sin embargo, también abre nuevas preguntas, como cómo evitar los efectos más graves del cambio climático en la salud si no se logra frenar el aumento de la temperatura.
En definitiva, aunque la SRM podría ofrecer una herramienta para enfrentar el cambio climático, la falta de evidencia sólida y los posibles riesgos hacen que su desarrollo siga rodeado de incertidumbre científica, ética y social.
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